Mañana empiezan las clases y, como ya es tradición en buena parte del país, los chicos y chicas de sexto año vivirán su UPD: el “Último Primer Día”. Una especie de ritual de iniciación que mezcla emoción, desvelo, glitter en la cara y —en muchos casos— bastante alcohol.

El esquema suele repetirse: domingo a la noche, previa que se convierte en fiesta, fotos grupales, remeras intervenidas, bombos, espuma, pintura, bengalas de humo y la promesa de llegar a la escuela sin haber dormido. La escena del lunes por la mañana ya es parte del paisaje: abrazos eternos, lentes oscuros estratégicos y directivos intentando sostener cierta formalidad mientras el último año arranca oficialmente.
Hace 10 o 15 años esto no era así. Quienes egresaron por aquella época recuerdan un inicio de clases bastante más sobrio. El UPD, tal como hoy lo conocemos, es un fenómeno relativamente reciente que fue creciendo hasta transformarse en un evento en sí mismo.
Lo que empezó como una juntada entre amigos fue sumando capas. Empresas de egresados, productoras de eventos, fotógrafos, alquiler de quintas, cotillón personalizado, remeras diseñadas especialmente para el curso, videos profesionales, drones y hasta afters organizados.
El UPD no es el único caso. También están el “Último Último Día” (el UUD), cuando terminan las clases; las fiestas de egresados que ya no son solo una noche sino una serie de eventos; las sesiones de fotos temáticas; las camperas y buzos personalizados; los viajes con paquetes cada vez más completos. Todo un circuito económico que encontró en la emoción adolescente una oportunidad de negocio.
No se trata de demonizarlo: muchas familias y estudiantes eligen vivirlo así y lo disfrutan. Pero sí es interesante observar cómo estos rituales fueron creciendo de la mano de un mercado que ofrece experiencias “inolvidables” a medida.

El lado B del UPD
El punto más polémico, claro, es el consumo de alcohol. Para muchos chicos, la idea de “ir pasados” a la escuela forma parte del folclore del día. Y ahí aparecen las preguntas incómodas: ¿es necesario? ¿Dónde termina la diversión y empieza el riesgo? ¿Qué rol ocupan las familias y la escuela?
Entre la euforia y el meme, también hay docentes que se preparan para recibir a una promoción que llega sin dormir, y padres que negocian horarios, permisos y límites.

Tal vez el UPD sea, en el fondo, una forma contemporánea de marcar el comienzo del último año, de decir “ya estamos acá”. Una mezcla de ansiedad, despedida anticipada y necesidad de dejar huella.
La diferencia es que hoy todo se documenta, se produce y se comparte. Si no hay foto grupal perfecta, historia destacada y video editado, parece que no existió.
Mañana, cuando suene el timbre y arranque oficialmente el ciclo lectivo, cientos de chicos estarán transitando ese pequeño gran momento. Con ojeras, con brillo en la cara y con la sensación de que el último año ya empezó.