Con toma de signos vitales e higiene y confort de pacientes, estudiantes de primer año de la carrera de Enfermería de la Universidad del Chubut transitan sus primeras experiencias en instituciones de salud de Rawson y Trelew. Esta semana, un grupo de 15 alumnos culmina sus prácticas en las Casas Tuteladas de la capital provincial, mientras otros compañeros continúan con las rotaciones en distintos efectores sanitarios.

Los 49 estudiantes de Enfermería Básica II se distribuyen en grupos para realizar sus prácticas en el Hospital Subzonal Santa Teresita de Rawson, el Hospital de Alta Complejidad María Humphreys de Trelew y las Casas Tuteladas. Se trata del primer acercamiento con pacientes reales y de una instancia fundamental para comenzar a desarrollar no sólo conocimientos técnicos, sino también habilidades humanas.
La licenciada en Enfermería Gabriela Antillanca, docente de la Universidad del Chubut, explicó que el objetivo de estas primeras prácticas es que los alumnos comprendan que el cuidado va mucho más allá de la enfermedad.
«Es su primera práctica y el primer contacto que tienen con el paciente. La idea es que puedan absorber esto del cuidado que no solamente tiene que ver con la enfermedad», señaló. En el caso de las Casas Tuteladas, destacó la importancia del vínculo con los adultos mayores y el desarrollo de habilidades blandas como la comunicación y la empatía. «Tratamos de que tengan una experiencia hospitalaria y también otra realidad fuera del ámbito hospitalario. Acá acompañamos y buscamos que las personas mayores mantengan su propia autonomía», indicó.
La docente destacó además el desempeño de los estudiantes durante este año y remarcó que, en esta etapa inicial de la carrera, se pone especial énfasis en la parte humana. «Nos han sorprendido porque han tenido muy buen desempeño. Son alumnos que van más por la parte humana. Las habilidades blandas son fundamentales en esta profesión», expresó.

Una vocación que se construye con esfuerzo
Entre las estudiantes se encuentra Sol Zarza, madre y actualmente embarazada, quien aseguró que estas primeras experiencias no hicieron más que confirmar que eligió el camino correcto.
«Me encanta, me gusta. No le tengo miedo al desafío de la enfermería. Me gustaría seguir creciendo y aprendiendo todo lo que conlleva», afirmó. La joven reconoció que compatibilizar la carrera con la vida cotidiana implica sacrificios, aunque aseguró que la motivación hace la diferencia. «Todas las personas tienen sus complicaciones, pero si uno quiere un crecimiento y un cambio personal, tiene que hacerlo. Es un sacrificio, pero hacerlo con amor y con ganas es más llevadero», sostuvo.
Otra de las historias que sobresalen es la de Valeria Salinas, estudiante de primer año y cuidadora domiciliaria, quien decidió comenzar la carrera después de los 40 años.
«Cuando terminé la secundaria me interesaba estudiar, pero la carrera no estaba en Rawson. Ahora se dio la posibilidad y me animé», contó. Para ella, la edad no representa una barrera. «Todos podemos estudiar a cualquier edad y más cuando es algo que nos apasiona», aseguró.
Con experiencia previa en el cuidado de personas, Valeria manifestó que su mayor satisfacción es contribuir al bienestar de quienes lo necesitan.
«Ver las necesidades de las personas y saber que les puedo aportar a su bienestar es lo que me gusta. Por eso trabajo y por eso estoy estudiando», concluyó.
Mientras completan sus primeras prácticas, estos futuros enfermeros y enfermeras comienzan a confirmar, en el contacto cotidiano con los pacientes y con los adultos mayores, que la vocación de cuidar se aprende en las aulas, pero también se construye desde la empatía, la escucha y el compromiso con el otro.