“Lo de Alfredo” la música que nació en la vereda y se volvió tradición de verano

Hay escenas que, sin proponérselo, terminan formando parte del paisaje. En Playa Unión, desde hace más de dos décadas, una de esas escenas sucede frente a una casa de la primera fila, donde la música empezó como un ensayo entre amigos y terminó convirtiéndose en un ritual del verano: lo de Alfredo.

Todo comenzó alrededor del año 2003, cuando Alfredo Villafañe, pianista reconocido en la provincia y vecino de Rawson desde hace muchos años, se reunía con colegas músicos a ensayar dentro de su casa. Con el tiempo, y casi por necesidad, esos encuentros se trasladaron a la vereda. El ruido, el verano y las ganas de tocar hicieron el resto.

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“Con un par de amigos músicos, Aldo Cortez y Nelson Restuccia, tocábamos jazz y ensayábamos en mi casa. Nos presentábamos en varios lugares pero no en Rawson. Evidentemente hacíamos mucha bulla y nos pidieron amablemente hacerlo afuera del hogar. Sacamos batería, piano eléctrico, bajo, entre otros. En ese entonces Playa Unión, no era tan visitada sin embargo algunos vecinos se acercaron. Nos vino muy bien, lo tomamos como una especie de –protesta- ya que no habían lugares para que los músicos locales tocáramos”  Nos contaba Alfredo.

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Lo que nadie imaginaba entonces era que aquellas juntadas informales empezarían a llamar la atención de quienes caminaban por la costa. De a poco, la gente se detenía, escuchaba, se sentaba en la vereda. Algunos comenzaron a llevar reposeras. La música dejó de ser solo un ensayo y pasó a ser un punto de encuentro.

Para 2013, aquello que había nacido de manera espontánea ya se había transformado en algo habitual de los veranos en Playa Unión. Los domingos empezaron a tener música asegurada frente a la casa de Alfredo, con un espíritu abierto: quien quisiera participar podía hacerlo, siempre con una regla simple que se mantiene hasta hoy: dos canciones por artista, para que nadie se quede afuera.

Año tras año, lo de Alfredo fue creciendo. No solo se sumaron músicos del Valle, sino también artistas de otras localidades que encontraron en este espacio un lugar para mostrar lo que hacen. Cantantes solistas que se animaban a subir y eran acompañados por la banda, dúos, tríos y bandas completas, todos compartiendo escenario sin más pretensión que la música.

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“Al principio solo lo hacíamos los domingos de verano siempre y cuando el clima lo permitiera, luego se volvió viral entre colegas músicos, muchos querían participar ya sea tocando o sumando equipamiento. Entre todos logramos un espacio de arte con autogestión. Ya no éramos solo la banda estable y algún que otro cantante, empezaron a llegar muchos músicos por lo cual debimos comenzar a organizarnos con una lista para mantener el orden y que todos puedan participar”

El crecimiento quedó en evidencia este verano. En diciembre se abrió la inscripción para las fechas de enero y se anotaron 70 artistas, un número que superó las posibilidades de los cuatro domingos programados. Incluso con el mes terminado, no todos lograron presentarse, por lo que se decidió sumar una jornada más.

“Abrimos las inscripciones por redes sociales el 27 de diciembre del año pasado. Hasta el momento se han presentado 45 de los de la lista, no alcanzaron los domingos de enero para que pasen todos por nuestro escenario. Decidimos sumar el primer domingo de febrero, trataremos de que pase cada uno de los músicos que están en espera”

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Más allá de la música, lo de Alfredo fue ampliando sus horizontes. A lo largo de los años, no solo pasaron bandas, dúos y solistas, sino también recitadores que compartieron poemas propios y otras expresiones artísticas que encontraron en este espacio un lugar de escucha y respeto. Una vereda que, verano tras verano, se convirtió en escenario.

Este domingo 1° de febrero desde las 17:30, lo de Alfredo tendrá su último encuentro del verano. La invitación es simple y ya conocida por quienes lo frecuentan: preparar la reposera, el termo y el mate, acercarse a la primera fila de Playa Unión y acompañar una tradición que nació de manera espontánea y hoy forma parte de la identidad cultural de la costa.

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Un cierre que vuelve a poner en valor algo esencial: cuando la comunidad acompaña, la cultura encuentra su lugar.