Hay dolores que no hacen ruido

Septiembre vuelve a poner sobre la mesa una conversación que durante mucho tiempo fue un tabú: la prevención del suicidio. El desafío no es solamente hablar cuando ocurre una tragedia, sino aprender a mirar, escuchar y acompañar antes.

Hay personas que siguen con su vida cotidiana mientras atraviesan un dolor que nadie alcanza a ver. Van a trabajar, se ríen, responden mensajes, cumplen con sus obligaciones y dicen que están bien.

Por eso, no siempre alcanza con esperar señales evidentes. Durante mucho tiempo, hablar de suicidio estuvo rodeado de silencios, prejuicios y miedo. Hoy, la prevención busca justamente lo contrario: poder hablar del tema, reducir el estigma y generar espacios donde pedir ayuda sea posible.

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. La campaña internacional propone este año continuar cambiando la manera en que se aborda el tema y anima a empezar conversaciones que pueden abrir una puerta.

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Y quizás prevenir también tenga que ver con algo mucho más cotidiano. Preguntar cómo está alguien y escuchar realmente la respuesta. Volver a preguntar. No minimizar su dolor. Estar cerca aunque no sepamos exactamente qué decir.

En nuestra comunidad, donde esta problemática también ha dejado familias atravesadas por el dolor, hablar de prevención no puede limitarse a recordar las tragedias cuando suceden.

Las personas deberían importarnos antes.

Antes de que el dolor sea evidente. Antes de que alguien tenga que gritar para ser escuchado.

Porque hay dolores que no hacen ruido.

Y a veces, para escucharlos, simplemente hace falta acercarse un poco más.