ETS: un rebrote que exige atención y prevención

Las infecciones de transmisión sexual volvieron a aumentar en Argentina tras años de disminución, con cifras récord de sífilis y un crecimiento sostenido de nuevos diagnósticos de HIV. La situación se observa en todos los rangos etarios y plantea la necesidad de reforzar educación, prevención y acompañamiento comunitario.

En los últimos años, las enfermedades de transmisión sexual (ETS) han mostrado un aumento preocupante en Argentina, con la sífilis y el HIV como los diagnósticos que más se observan en las estadísticas oficiales. Esta tendencia, que había sido contenida en décadas anteriores, volvió a tomar impulso en el país y ha generado alertas tanto en el sistema de salud pública como entre profesionales sanitarios y organizaciones de prevención.

Según los datos disponibles, los casos de sífilis alcanzaron cifras históricas en 2024 y se mantuvieran en niveles elevados en 2025, con más de 36.000 notificaciones en cada año registradas por el Boletín Epidemiológico Nacional y una tendencia ascendente en todo el territorio argentino. En comparación con años anteriores, estas cifras representan un crecimiento sostenido que preocupa por su magnitud y alcance.

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Los últimos informes señalan que estas infecciones de transmisión sexual afectan principalmente a personas jóvenes, en especial entre los 15 y los 39 años, concentrando más del 70% de los contagios notificados. Entre estos grupos, las tasas más altas se observan en quienes tienen entre 20 y 29 años, con una fuerte presencia de casos también en mujeres jóvenes.

Por su parte, los nuevos diagnósticos de VIH también muestran un repunte, con más de 6.600 nuevas infecciones reportadas en 2024 a nivel nacional, y casos que continuaron detectándose de manera creciente en 2025. Un aspecto que alarma a especialistas es que alrededor del 45 % de los nuevos diagnósticos se presentan en etapas avanzadas de la infección, lo que complica el tratamiento y agrava las consecuencias para la salud.

Este aumento de ETS se da en un contexto en el que, según diversos análisis, la distribución de preservativos y otros insumos preventivos provistos por el Estado ha disminuido en los últimos años, lo que junto con la reducción de campañas educativas y recortes en programas de prevención puede estar influyendo en la percepción de riesgo de la población.

Una realidad local que también se observa en el valle:

En nuestra ciudad y en los barrios, la tendencia al incremento de diagnósticos se observa desde la atención primaria. En el centro de salud del barrio Área 16 Juan Manuel de Rosas, el licenciado en enfermería Lucas Soto ha acompañado la atención de pacientes que concurren a testearse por ETS, entre ellas sífilis y VHI. “Es una problemática que no distingue entre edades, se ven muchos jóvenes de entre 15 y 25 años que dan positivo a los test como así también personas mayores de 40 años. Hay una realidad y es que deciden no cuidarse, no usar profiláctico”.

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Como explicó Lucas, muchos vecinos llegan a realizarse pruebas rápidas en los centros de salud, y si bien estas herramientas permiten detectar la presencia de una infección, en varios casos confirmados el diagnóstico final corresponde a sífilis o VIH tras exámenes más específicos. “La falta de información que noto en las personas infectadas, sobre todo en adolescentes, es cosa de todos los días. Por otro la promiscuidad lleva a algunas personas a pensar – a mí no me va a pasar- esta es una de las frases más frecuentes”

ETS: un rebrote que exige atención y prevención

Otro punto que llamó la atención del equipo sanitario tiene que ver con la continuidad del tratamiento, especialmente en casos de sífilis. El tratamiento estándar para sífilis consiste en cuatro inyecciones que completan un ciclo, pero ocurre que muchas personas abandonan el tratamiento antes de terminarlo, lo que puede facilitar la persistencia de la infección y que el organismo genere resistencia. Esta situación representa un desafío adicional para la salud pública. “Es lamentable ver aquellas personas que dan positivo, por ejemplo con sífilis, no cumplir el tratamiento. Los casos de gente que vuelve con la infección activa son preocupantes. El tratamiento de sífilis es con penicilina, le hacemos 1-2 inyecciones y no vuelven más, esto hace que el cuerpo genere resistencia, por ende se debe comenzar nuevamente con todo, análisis nuevos, etc. Son infecciones que no tienen cura.”

Además, como subrayó Lucas, tanto la sífilis como el VHI son infecciones que no desaparecen del organismo, aunque puedan controlarse: en el caso del VIH con el tratamiento antirretroviral y en el caso de la sífilis mediante estrategias de manejo adecuado. Esa permanencia subraya la importancia de la prevención y del acompañamiento continuo, tanto médico como comunitario.

Expertos señalan que el crecimiento de infecciones de transmisión sexual en Argentina no responde a una sola causa, sino a una combinación de factores como:

  • El menor uso de preservativos,
  • Una percepción de riesgo baja entre adolescentes y adultos jóvenes,
  • La falta de campañas educativas consistentes,
  • El acceso limitado a insumos preventivos en algunos contextos, y una disminución en acciones de educación sexual integral en ámbitos escolares y comunitarios.

Estos factores hacen que muchas personas se expongan a situaciones de riesgo sin las herramientas necesarias para protegerse o para realizarse pruebas periódicas, lo que facilita la transmisión silenciosa de estas infecciones en la comunidad.

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La sífilis y el VIH, al igual que otras infecciones de transmisión sexual, no han desaparecido y, de hecho, han resurgido como un desafío de salud pública que afecta a personas de todas las edades. La información, el acceso al testeo y el uso de preservativos siguen siendo herramientas esenciales para disminuir la transmisión y proteger la salud de toda la población.

Hablar abiertamente sobre estas infecciones, derribar mitos sobre quién “puede” o “no puede” contagiarse y fomentar el cuidado responsable de la salud sexual son pasos fundamentales para enfrentar esta realidad. La educación sexual integral, el acompañamiento sanitario y la prevención activa son aliados clave para que las cifras no sigan creciendo y para que cada persona tenga el conocimiento y los recursos para cuidarse.