Día del Bajista: el instrumento que quizá no escuchamos, pero que sentimos

 Este 18 de septiembre, las cuatro cuerdas tienen su día. En Argentina se celebra el Día del Bajista, una fecha que homenajea a quienes, muchas veces desde un segundo plano, son fundamentales para que una canción encuentre su pulso. La elección del día está relacionada con el nacimiento de Dee Dee Ramone, bajista y cofundador de The Ramones.

Día del Bajista: el instrumento que quizá no escuchamos, pero que sentimos

“¿El bajo? Casi no se escucha”. “No es tan importante”. “Si hay guitarra, ¿para qué hace falta?”. Son algunas de las frases que suelen acompañar a uno de los instrumentos más subestimados de una banda. Pero basta con sacarlo de una canción para notar rápidamente que algo cambió.

El bajo es ese puente entre ritmo y armonía: trabaja junto a la batería para sostener el pulso, pero también dialoga con guitarras, teclados y voces. Puede marcar, acompañar, generar movimiento o convertirse, cuando la canción lo pide, en absoluto protagonista.

El rock argentino tiene grandes ejemplos. Pedro Aznar, con su particular trabajo sobre el bajo fretless, construyó líneas de enorme riqueza melódica durante su etapa en Serú Girán. Machi Rufino, integrante de Pappo’s Blues e Invisible, desarrolló un estilo capaz de aportar potencia y, al mismo tiempo, sutileza a las canciones.

También está Diego Arnedo, cuya manera de tocar es parte fundamental del sonido de Sumo y Divididos, y Javier Malosetti, reconocido por su recorrido como bajista, músico de jazz y solista.

Y hay una prueba sencilla para quienes todavía creen que el bajo “no se escucha”: poner una canción conocida, cerrar los ojos y concentrarse solamente en las frecuencias graves. De pronto, aparecen líneas que quizás siempre estuvieron ahí, pero que nunca habíamos separado del resto.

Porque el bajo no siempre pide el centro del escenario. A veces hace algo más importante: hace que todo lo demás pueda sonar mejor.

Feliz Día del Bajista a quienes sostienen, acompañan, marcan el pulso y, aunque muchas veces no los veamos, nos hacen mover el cuerpo.