Desde Rawson a Laborde: Sonia Herrera y la historia que representó a Chubut

La docente y bailarina de Rawson representó a la provincia como Paisana en el Festival Nacional del Malambo, una categoría que pone en valor la identidad y las historias provinciales por sobre cualquier estereotipo estético.

Desde Rawson a Laborde: Sonia Herrera y la historia que representó a Chubut

El Festival Nacional del Malambo, que se realiza cada enero en la localidad cordobesa de Laborde desde 1966, es uno de los eventos más representativos del folclore argentino. Aunque el malambo es su eje central, el festival fue incorporando con los años distintos rubros que amplían la mirada sobre la identidad cultural del país y el carácter federal de la celebración.

Entre ellos se destaca la categoría Paisana, una instancia que se diferencia de otros certámenes populares: no se trata de un concurso de belleza. En Laborde, las representantes provinciales no son evaluadas por su apariencia física, edad o medidas, sino por la historia que llevan al escenario y la forma en que logran transmitir la identidad de su provincia en un tiempo limitado.

Cada paisana llega al escenario nacional luego de ser elegida en instancias previas, conocidas como Pre-Laborde. En octubre pasado, en Rawson, Sonia Herrera, docente de nivel inicial de 32 años, fue seleccionada como Paisana de Chubut, lo que le permitió representar a la provincia en uno de los escenarios folklóricos más importantes del país.

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Sonia se apodero del escenario dejando a la vista su pasión y vocación por la docencia “Siempre supe que quería ser maestra, termine la secundaria y ya sabía dónde iba a estudiar, lo que quería ser y hacer de mi vida, enseñar y acompañar el aprendizaje”

Para su presentación, eligió contar la historia de las maestras rurales de la meseta chubutense, una decisión que no fue casual ni improvisada. Detrás del relato hubo un proceso de investigación, de escucha y de contacto directo con mujeres que ejercieron y ejercen la docencia en contextos rurales, muchas veces atravesados por el aislamiento, las distancias, el clima extremo y las dificultades de acceso. “Las maestras rurales tienen un historia silenciosa y por eso desde el minuto cero supe que era la historia que quería llevar, darle voz a todo el trabajo que hacen estas mujeres. Se destacan por su vocación y compromiso, no solo con la educación sino con los niños y adolescentes que muchas veces no pueden llegar al aula por sus propios medios.”

En su relato, Sonia puso en palabras el compromiso cotidiano de esas mujeres que, más allá del frío, del calor seco de la meseta o de los caminos difíciles, sostienen el derecho a la educación de niñas y niños en algunos de los puntos más postergados del territorio provincial. La pasión con la que narró esa historia dejó en claro que no hablaba solo desde la admiración, sino también desde una vocación compartida.

Sonia es docente desde muy joven. Terminó la escuela secundaria y comenzó de inmediato su formación profesional, convencida desde chica de que quería dedicarse a la educación. Esa identidad docente atravesó toda su presentación y se volvió un puente natural con la historia que eligió contar. “Las admiro demasiado, todas las docentes con las que charle me decían lo mismo, que volverían sin dudarlo a trabajar en la meseta. Incluso muchas de ellas destacaron el haber trabajado algunas años más luego de estar jubiladas, por el simple hecho de sentir la vocación, de querer estar en el aula sin importar las complicaciones climáticas”

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Además, su vínculo con el Festival de Laborde no es reciente. Sonia es bailarina de folclore y ya había participado del festival en otras oportunidades, integrando delegaciones artísticas. Desde ese lugar conoció el escenario, observó las presentaciones y fue construyendo un deseo personal: estar allí no solo bailando, sino representando a Chubut a través de una historia.  “Recuerdo estar en el pre-Laborde con el elenco de baile al que pertenezco y ver por primera vez que una chica se presentaba para la categoría de Paisana, yo no tenía idea de que existía. Con el ballet fuimos a Córdoba y allí pude ver las presentaciones de las Paisanas, me pude interiorizar más. Recuerdo que le dije a mi compañera – Yo el año que viene voy a estar ahí-.”

Más allá de la presentación individual, la experiencia en Laborde también significó un espacio de encuentro. Durante el festival, Sonia compartió días con mujeres de distintas provincias, cada una portadora de relatos, tradiciones y realidades propias. Ese intercambio reforzó el sentido profundo de la categoría Paisana: un espacio donde la palabra, la memoria y la identidad femenina ocupan el centro de la escena.

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La participación de Sonia Herrera en el Festival Nacional del Malambo no fue solo una representación formal. Fue una forma de visibilizar historias que muchas veces quedan en los márgenes, como la de las maestras rurales de Chubut, mujeres que, con vocación y compromiso, siguen enseñando allí donde todo parece más difícil. En Laborde, Sonia eligió que esa historia sea la protagonista.