Hay cosas que parecen quedar guardadas en algún cajón de la memoria de una ciudad y que, de repente, vuelven a aparecer. Y cuando regresan, uno entiende que quizás nunca dejaron de pertenecer a ese lugar.
En Rawson, una de esas cosas es el Intercapital, una propuesta que vuelve a reunir a los estudiantes de los últimos años de las escuelas secundarias en una competencia que mezcla cultura, deporte, recreación y, sobre todo, encuentro.
Para quienes fueron adolescentes en los primeros años de los 2000, la idea no resulta desconocida. En 2004, este tipo de competencias entre colegios formaba parte de una escena bastante propia de la capital provincial: cursos que se organizaban, escuelas que se preparaban y grupos de amigos que encontraban en esas jornadas una excusa para salir de la rutina del aula y compartir con otros jóvenes de la ciudad.
Quizás por eso el regreso tiene algo más que una competencia. Tiene un poquito de nostalgia, pero también de identidad.
La quinta edición del Intercapital propone justamente eso: que los últimos años del secundario vuelvan a tener un espacio propio, donde no todo pase por estudiar, rendir o pensar en lo que viene después de la escuela.
Tres desafíos, una misma camiseta
Más de 300 estudiantes podrían participar de esta edición, representando a sus escuelas y compitiendo por un premio de $2 millones para el curso ganador de cada institución.
La competencia estará dividida en tres instancias: el 9 de septiembre, con un desafío cultural de preguntas y respuestas; el 17 de septiembre, con una carrera de obstáculos en el sector del Cristo; y el 23 de septiembre, con la creación de un TikTok vinculado a problemáticas sociales.
Tres propuestas bastante distintas entre sí, pero con algo en común: obligan a los chicos a trabajar juntos.
Y quizás ahí esté lo más interesante del Intercapital. Más allá de quién gane, hay algo que no se puede medir en puntos: los ensayos, las ideas que aparecen a último momento, los compañeros que se descubren talentos que no conocían, las cargadas entre escuelas y las anécdotas que probablemente queden dando vueltas mucho después de que termine la competencia.
Para quienes están atravesando el último año, además, hay algo simbólico. Es el cierre de una etapa que no vuelve. Y tener una actividad que reúna a los cursos, que los saque de la escuela y los ponga a compartir con otros jóvenes de la ciudad puede convertirse en uno de esos recuerdos que, muchos años después, aparecen de golpe al escuchar un nombre, ver una foto o recordar aquella vez que todos estuvieron del mismo lado.
El Intercapital vuelve. Y con él vuelve también una parte de esas costumbres que alguna vez fueron propias de Rawson y que, cuando regresan, nos recuerdan que una ciudad también se construye con los recuerdos que decide volver a vivir.