Farmear aura: la nueva manera de ser “cool” que sacó a los adolescentes de las pantallas

Hay modas que duran años, otras que duran meses y algunas que, gracias a Internet, parecen haber nacido un martes y para el viernes ya las conoce medio mundo. La última parece llamarse “farmear aura”.

Si usted tiene hijos, sobrinos o simplemente pasó cerca de una plaza donde había un grupo de adolescentes haciendo poses, caminando de determinada manera, bailando o intentando quedar lo más “cool” posible, probablemente se haya cruzado con esta nueva tendencia.

Farmear aura: la nueva manera de ser “cool” que sacó a los adolescentes de las pantallas

Pero ¿qué significa exactamente “farmear aura”?

En el lenguaje de las nuevas generaciones, tener “aura” es tener presencia, actitud, carisma. Es esa especie de “no sé qué” que hace que alguien parezca seguro, canchero o interesante sin necesidad de decir demasiado. Y “farmear” viene del inglés farming: cultivar, acumular, juntar. En otras palabras: hacer cosas que te sumen puntos de aura.

La idea de los “aura points” comenzó a circular con fuerza en TikTok durante 2024, como una especie de sistema de puntuación humorístico: determinadas acciones te hacen ganar aura y otras te hacen perderla. Una caída vergonzosa puede costarte miles de puntos; hacer algo impresionante, en cambio, puede convertirte en una leyenda. No existe una tabla oficial: las reglas las inventa cada grupo y, justamente por eso, la gracia está en jugar con el concepto.

Del barco en Indonesia al patio de la escuela

Aunque la expresión ya circulaba en Internet, el fenómeno explotó especialmente a partir de un video protagonizado por Rayyan Arkan Dikha, un chico indonesio de 11 años que bailaba con una tranquilidad llamativa en la proa de una embarcación durante el tradicional festival Pacu Jalur.

El video se volvió viral y las redes comenzaron a describir su actitud como el máximo ejemplo de “aura farming”. Lo que originalmente era una expresión vinculada al carisma y a la imagen terminó convirtiéndose en una tendencia mundial: usuarios, deportistas y celebridades comenzaron a imitar sus movimientos.

Y ahí aparece algo muy interesante de las tendencias actuales: ya no hace falta que una moda nazca en una escuela, un barrio o un programa de televisión. Puede nacer en un pueblo de Indonesia, ser capturada por un teléfono y, en cuestión de días, terminar siendo reproducida por adolescentes de Argentina.

Pero… ¿no hicimos todos algo parecido? Para quienes nacimos en los 90, probablemente todo esto nos resulte bastante familiar, aunque venga con otro nombre.

Los que crecimos en los años 2000 tuvimos nuestras propias “tribus”. Estaban los floggers, los emos, los cumbieros, los fanáticos del rock, los que vivían alrededor de la música, los que se identificaban con determinada estética y los que encontraban su grupo en los foros, Fotolog, MSN o las primeras redes sociales.

Después llegaron otras modas: los swag, los hipsters, los skaters, los fandoms, los cosplayers y una lista interminable de identidades y estéticas que fueron cambiando con los años.

Y más cerca en el tiempo aparecieron fenómenos como los therians, que se hicieron especialmente visibles entre adolescentes a través de TikTok, Instagram y YouTube. En este caso hablamos de algo diferente: algunas personas manifiestan una identificación psicológica o espiritual con animales no humanos. La cultura existe desde mucho antes de TikTok, pero las redes fueron las encargadas de darle una visibilidad enorme.

La forma cambia. La necesidad de pertenecer, de diferenciarse y de encontrar un grupo probablemente no tanto.

Quizás la gran diferencia con nuestra adolescencia sea que ahora todo ocurre frente a una cámara.

Antes, alguien podía ponerse un determinado peinado, vestirse de negro, usar una remera de una banda y encontrarse con otros chicos que compartían los mismos gustos.

Hoy ese mismo proceso puede terminar convertido en un video de TikTok, un meme, un audio viral o un desafío que atraviesa países enteros.

Y eso genera algo curioso: los adultos vemos a un grupo de adolescentes “haciendo pavadas” y pensamos que estamos frente a una nueva señal del fin de los tiempos. Pero probablemente nuestros padres hayan pensado algo parecido cuando nos veían pasar horas frente al MSN, sacándonos fotos para Fotolog o escuchando una canción que, para ellos, sonaba exactamente igual durante cinco minutos.

Y hay algo que quizás estamos mirando poco, más allá de lo extraño, gracioso o incomprensible que pueda parecernos “farmear aura”, hay una escena que merece ser rescatada. Hay chicos que están saliendo de casa a pasar las tardes en una plaza.