Cada 3 de julio se celebra en Argentina el Día del Locutor, una fecha que recuerda la creación de la Asociación Argentina de Locutores en 1943 y que rinde homenaje a quienes hacemos de la voz una herramienta para informar, emocionar y acompañar. Una profesión que, además, tiene sus raíces en la historia de la radio argentina, iniciada por aquellos pioneros conocidos como «Los Locos de la Azotea», que el 27 de agosto de 1920 realizaron la primera transmisión radial del país y abrieron el camino para generaciones de comunicadores.

Como locutora, esta fecha tiene un significado muy especial. Cada vez que enciendo un micrófono pienso que, en algún lugar, hay alguien escuchando. Tal vez una persona que va camino al trabajo, alguien que está preparando el desayuno o quien simplemente necesita una voz que le haga compañía.
Y esa, creo, es la mayor fortaleza de la radio. Nos acompaña mientras vivimos. Mientras manejamos, trabajamos, cocinamos, estudiamos o caminamos. No nos obliga a detenernos; simplemente está ahí, compartiendo el momento.

Ser locutora es mucho más que hablar bien. Es transmitir con responsabilidad, respetar el valor de cada palabra y entender que, muchas veces, una voz puede cambiar el ánimo de alguien sin siquiera conocer su historia.
Por eso, en este Día del Locutor, mi reconocimiento es para todos los colegas que cada día se ponen frente a un micrófono con la misma pasión y el mismo compromiso. Y, sobre todo, gracias a quienes están del otro lado. Porque son los oyentes quienes le dan sentido a esta profesión y hacen que cada palabra valga la pena.